¡HAMBRUNA Y MISERIA! Niños contrabandistas en la tierra muerta de los wayúu


Sobre la sabana desértica de La Guajira venezolana se levantan las aspas de un parque eólico oxidado y abandonado donde no cae la lluvia, no retoñan las plantas, no engordan los animales, no crecen los niños, pero si los contrabandistas, muchos menores de edad.

Tras más de dos años de sequía, los campos guajiros quedaron abandonados y los que una vez fueron árboles hoy son grandes extensiones de ramales secos y repletos de basura en los que las cabras y burros flacos también están olvidados.

Ahora el cierre fronterizo del noroccidental estado del Zulia ha encendido un foco sobre la comunidad indígena que habita en el territorio, un asentamiento de 400.000 personas, la mayoría de la etnia wayúu, que vive sin agua y electricidad, signados por la pobreza, el desempleo y la desnutrición.

Solo les salva el contrabando, operado en buena parte por niños.

Las orillas de las polvorientas carreteras de tierra son los centros para los pequeños operadores del mercado ilegal de combustible y alimentos, un oficio que han aprendido de sus padres.

Allí donde el maíz no retoña, revender los productos básicos y el combustible subsidiados por el Estado venezolano para el alimento de las comunidades es una fuente rentable para los pobladores de la zona.