Crisis fronteriza desnuda evidencias del olvido gubernamental


La crisis de Colombia con Venezuela, que este sábado completa un mes, ha dejado en evidencia los problemas de contrabando, inmigración ilegal e inseguridad en la frontera entre ambos países, pero también el olvido gubernamental con el que conviven a diario miles de sus habitantes.

El cierre del paso más activo de la frontera común, anunciado el pasado 19 de agosto por el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, seguido de la expulsión masiva y el retorno por temor de miles de colombianos, hizo volver la mirada hacia una zona que hoy ve como agua de mayo la llegada de alivios tributarios y ayudas para educación, salud y hasta movilidad de sus comunidades.

Y es que a lo largo de los 2.219 kilómetros de la línea divisoria, donde los Gobiernos denuncian el contrabando de alimentos y combustibles y la presencia de grupos guerrilleros, del narcotráfico y de bandas criminales herederas del paramilitarismo, el desempleo y la falta de servicios básicos son el pan de cada día.

Cúcuta, capital del departamento colombiano de Norte de Santander, por donde permanece clausurado desde hace un mes el tránsito hacia las poblaciones de Ureña y San Cristóbal, en el estado venezolano de Táchira, está entre las tres ciudades con más desempleo del país, del 13,4 %, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).

Esta ciudad, que floreció en épocas de la bonanza petrolera del vecino país, ha visto decaer la actividad comercial que en años anteriores atraía anualmente a miles de compradores venezolanos.